Cultura vs Circunstancias económicas
La cultura es el conjunto de creencias que determina la actitud y el comportamiento de las personas. La cultura direcciona la convivencia, el desarrollo, el orden político, el orden jurídico y cuantos elementos constituyen la expresión externa de las comunidades en su incesante evolución. Sólo una cultura sólida permite anteponer inconscientemente valores fundamentales a todo tipo de iniciativas nocivas para la calidad de vida y generadoras de injusticia social.
Cuando los patrones de conducta no favorecen el bien común es necesario adecuarlos, y son indispensables tres elementos: 1) presión moral con diferentes alternativas pedagógicas, 2) control coercitivo y castigo y 3) estímulos económicos. La mayor parte de la gente es “buena” porque teme un castigo o porque espera una recompensa, pero siempre hay problemas cuando uno de los primeros factores entra en conflicto con el tercero, lo cual sucede frecuentemente, ya que el sistema monetario global sólo beneficia a unas pocas personas y empresas que se esforzarán por mantenerlo hasta sus últimas consecuencias, mientras hace que para la mayoría el dinero escasee y sea difícil y costoso el acceso al crédito; por ello abundan las necesidades insatisfechas a pesar de abundante capacidad ociosa en las personas y en todo tipo de empresas.
Lo normal es que los implicados resuelvan su dilema concentrándose en lo monetario, sacrificando las creencias propias, desestimando lo aprendido, evadiendo los controles o arriesgando a la posibilidad del castigo en sus diferentes formas; lo que encarece los sistemas de autoridad y los hace permanentes. Ese desequilibrio impulsa el egoísmo y la competencia, alienta la acumulación individual y castiga de modo implacable a quien no se atiene a ese mandato. El objetivo común termina estando relacionado con obtener, recuperar o mantener el control sobre un destino particular que se ve relacionado con la independencia, suficiencia o fortaleza económica. Si las deficiencias personales son formativas la corrupción abunda. Si la deficiencia educativa es generalizada la violencia es consustancial al proceso.
Hay momentos en que el pueblo no necesita más moralidad sino más dinero. Tener con qué comer, vestirse o recibir atención médica no garantiza que alguien se porte bien, pero no tenerlo lleva a muchos a portarse mal, afectando en todos los niveles las relaciones interpersonales y explicando así el menoscabo dramático y creciente en la calidad de vida. La causalidad entre las carencias actuales y el comportamiento delictivo, violento, intolerante, antiecológico, poco solidario, corrupto, depredador, etc., sólo puede romperse con soluciones viables y permanentes a las expectativas humanas: trabajo digno, vivienda, tierra, alimentación, acceso al crédito, cobertura en salud, servicios públicos, educación, recreación, etc.
Para fortalecer de manera integral los principios individuales, las comunidades y las diferentes organizaciones de personas o empresas en un proceso que promueva la pacificación y la autogestión hacia una mejor calidad de vida, se debe contar necesariamente con un componente económico muy sólido, que allane el camino para aplicar los componentes pedagógicos que hagan falta y disminuya el costo del control. Es un requisito para garantizar el efecto global pretendido en los diferentes proyectos de intervención social para evitar su agotamiento y garantizar su maduración.





